Agradecida a la librería Tipos Infames, por su amable acogida. La fría tarde madrileña invitaba a refugiarse en lugares tan entrañables y armoniosos como este centro donde la buena literatura reina. Un chocolate, un café o un vino, y la lectura de un buen libro, es una estupenda opción para pasar una buena tarde.

Ondinas
por la cinta de Möebius es un deslumbramiento, un canto al milagro que nos
rodea, un viaje por países mediterráneos o sierras insólitas y excepcionales
como las Alpujarras o las sierras de Málaga o de las Nieves, donde habita la
manzanilla junto al espliego, la amapola roja o los blancos arrayanes. Pero,
también, es exaltación de la vida, del tiempo vivido y de la necesidad de
retornar a los lugares antiguos de la infancia, para atrapar el instante
infinito que habita en ellos, detenerlo y recuperar la llama que pervive en el
corazón de sus ascuas: “Sobrevivimos / al filo de los sueños / constituidos”,
versos de la autora que dialogan con aquellos otros de William Shakespeare, en
boca de Próspero en el epílogo
de La Tempestad: “Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra
breve vida cierra su círculo con otros sueños”. José Sarria (2021)
Acompañada de mi amiga Pepa Calvo, que hizo las fotografías pero no quiso aparecer en ninguna de ellas. Gracias.
Con mi sobrina Ana Belén y su pareja, Javier Valverde.
Gracias.
Agradecida a la pintora y maestra Carmen Velasco, por acompañarme y regalarme una de sus obras de arte, un dibujo que hizo en 1991. Ella fue la primera Vicepresidenta de ALAS, Asociación de Mujeres por la Literatura y las Artes, fundada en 1999 en el Instituto Andaluz de la Mujer de Málaga.
Gracias.
Llegada la poeta y amiga Lucía Bleusvet, nos dirigimos al Centro Asturiano de Madrid, donde seguimos con la poesía y la música, invitadas por María Paz Arés Osset y Leonor Merino.
Pude recitar un poema dedicado a Valencia, del libro Ondinas por la cinta de Möebius:
LA LUZ DE LA MEMORIA
Albufera de
Valencia 1962. Memoria poética de mi
infancia
Nos
escapamos del control paterno,
la
inocencia nos lleva de la mano
y
arriesgamos la vida sin saberlo.
Una fuerza interior salió a salvarnos.
Entre arrozales una lengua de mar
unas
cañas al viento entre las aguas
y
unos niños pequeños navegando
contra
fuertes corrientes.
Entre
carrizos aves en sus nidos
que
luchan por vivir y por su prole
Entre
naranjos queda la memoria
la
infancia entre arrozales, barro y cañas
La
luz de la memoria trae de nuevo
esta
campiña de recuerdo azul
El
paisaje persiste con belleza
la
brillantez del sol siguiendo el curso
entre
azahares y el tiempo inmortal
el
triunfo persistente de aquel día
en
que la muerte vino a arrebatarnos
y
se encontró de frente a nuestras almas.
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